Despues de hablar con Juanjo Brizuela me ha venido a la cabeza Michael Gilbert. Este investigador ha escrito un polémico (por el número de respuestas que ha suscitado) artículo en el que se pregunta por la desaparición de la organización (entendiendo ésta como una estructura que emplea personas). Para Gilbert las nuevas tecnologías de la información (especialmente la web 2.0) facilitarán el cambio de las estructuras internas actuales al mismo tiempo que difuminarán las fronteras externas entre las organizaciones. Es decir, como resume perfectamente Andy Roberts, las características de jerarquía e insularidad de la empresa actual quedarían obsoletas.

Josien se muestra de acuerdo con la hipótesis anterior e incluso cita algunos ejemplos concretos que, en su opinión, empiezan a mostrar las organizaciones que emergen al calor de lo 2.0:

  • Centradas en el individuo, no en la organización.
  • Orgánicas, funcionan como una comunidad.
  • La comunicación no es vertical ni jerárquica, sino más bien, horizontal y de muchos a muchos.
  • Roles intercambiables. No hay puestos fijos.
  • Permeabilidad creciente, los límites de la organización son fluidos y flexibles.
  • Las identidades profesionales y personales se funden (¿ética hacker?).
  • Filosofía basada en el “creative commons”, menos barreras para proteger el conocimiento personal y organizacional.
  • Tolerencia al cambio constante e, incluso, al desorden.
  • La identificación se produce en torno a valores, personas, causas, etc. pero no con la organización.
  • Uso de canales multimodales de comunicación.

Joitske dice que bueno, que no es para tanto, que la organización no va a desaparecer pero que sí lo harán, en buena medida, los directivos. Su línea de argumentación va en la línea de la que hacía Julen hace unos días. Para Joitske, el trabajador del conocimiento (personas que principalmente trabajan con infomación para el desarrollo de conocimiento) es la base de la organización del siglo XXI, y éste está frecuentemente desmotivado por el deseo de control de los directivos. Resumiendo sus argumentos podríamos decir que la autonomía es a la creatividad lo que el control es a la eficiencia.