Este fin de semana, he terminado, por fin, Cibercultura de Pierre Levy. El libro está muy bien aunque se nota que han pasado unos añitos desde que lo escribió. Además es bastante espeso (sin querer decir que sea aburrido), por lo que hay que dedicarle tiempo y esfuerzo a su lectura.

La tesis principal del libro es que se pueden distinguir tres grandes etapas de la historia:

  • la de las pequeñas sociedades cerradas, de la cultura oral, que viven una totalidad sin universal;

  • la de las sociedades “civilizadas”, imperiales, que utilizan la escritura, que han hecho surgir un universal totalizante;

  • finalmente, la de la cibercultura, que corresponde a la mundialización concreta de las sociedades, que inventa un universal sin totalidad.

En la primera, pocas son las proposiciones de las culturas arcaicas que afectan a todos los seres humanos sin excepción (careciendo por tanto de universalidad). Ni las leyes (no hay “derechos humanos”), ni los dioses (no hay religiones universales), ni los conocimientos, ni las técnicas, etc. Eso sí, dentro de cada pequeña sociedad, tribu, etc. existe una unidad en la interpretación (homogeneidad de los significados) por parte de una diversidad de personas debido a que el significado descansa en la tradición, la trascendencia, o en la sabiduría de los mayores.

En un segundo tiempo, “civilizado”, las condiciones de comunicación instauradas por la escritura, y más tarde por lo impreso, llevan al descubrimiento práctico de la universalidad. La escritura abrió un espacio de comunicación desconocido para las sociedades orales.La universalidad se afirma y toma cuerpo, pero casi siempre por la totalización; la extensión y el mantenimiento de un sentido único. Los medios de masas -prensa, radio, cine, televisión, etc.- prosiguen la línea cultural de lo universal totalizador. El mensaje (totalizador o unificador ya que las fuentes de difusión de información están en posesión de unos pocos emisores que poseen los caros y complejos medios de publicación) es oido, escuchado, mirado, etc. por millones de personas dispersadas accediendo todas ellas a un mensaje homogeneizado del que no pueden ser protagonistas.

Sin embargo, la evolución contemporánea de la informática, en especial la web 2.0, constituye, en palabras de Levy, una asombrosa realización del objetivo marxista de apropiación de los medios de producción por parte de los productores mismos. La red permite hoy dejar de lado al editor, al productor, etc. para que cada persona pueda dar a conocer sus textos, su música, sus ideas, su mundo virtual, etc. De esta forma, se rompe con el mensaje totalizador ya que no hay un solo, o unos pocos, sentidos de la historia sino una multitud de pequeñas proposiciones que luchan por su legitimidad.

¿Nos lleva esto a la anarquía o al caos?, en opinión de Levy, no; aceptar perder cierta forma de dominio, nos proporciona una posibilidad de encontrar lo real. Es este el gran reto de la posmoderninad; acabar con los relatos totalizantes para demostrar que un colectivo de individuos inteligentes, convenientemente articulado, es más imaginativo, más rápido, más capaz de aprender e inventar que un colectivo inteligentemente dirigido.