Como he ido twitteando durante esta semana, me he pasado a Ubuntu. Dos son las razones básicas que me han animado a ello. Por una parte por mantener un cierta coherencia con una filosofía open que defiendo con convicción en multitud de lugares. En nuestras presentaciones ante alumnos y personas de empresa utilizamos el mundo del software libre como una forma alternativa y potencialmente más interesante de organizar y crear productos y servicios de alta calidad e innovadores. En realidad hemos apostado fuerte por el software libre en muchas ocasiones; por ejemplo eligiendo en su momento (ahora quizás es todo más claro) a  Moodle como plataforma de e-learning para Mondragon Unibertsitatea. Pero muchas personas me terminan preguntando acerca de Linux y me solía costar demasiado justificar porque aún no lo usaba.

Hasta aquí el contexto;  este era el caldo de cultivo cuando en Navidades cambié de portatil y comenzo a tomar cuerpo una segunda razón más práctica. Y es que entonces, por narices, tuve que empezar a trabajar con Windows Vista y la debacle fue total. Nunca he sido de los que han odiado ni a Windows ni a Bill Gates, es más, yo siempre mantuve, y lo sigo haciendo, que a mi XP me iba muy bien pero lo de Vista no tiene nombre. Es un sistema operativo que hace la experiencia de usar un ordenador lenta y desesperante. Así que se juntaron el hambre con las ganas de comer y decidí cambiarme definitivamente a Linux. Lo cierto es que he tenido un golpe de suerte ya que hace  poco vi  en Aprender en Red un post sobre cómo instalar Ubuntu (una versión de Linux) de manera rápida y sencilla. Y así lo hice, ahora escribo desde Ubuntu y la vida (informática) me va bastante mejor. He notado un incremento de velocidad notable tanto en las acciones propias del sistema operativo como en la propia navegación a través de Internet.

¿Lo recomiendo? Sí, pero. Instalar Ubuntu no supone nada del otro mundo (al menos como yo lo he hecho), pero una vez lo tienes instalado hay que acostumbrarse a algunos cambios. A mi por ejemplo me está costando bastante el tema de instalar nuevos programas, pero poco a poco, consultando foros y demás le voy cogiendo el truco. Lo que quiero decir es que para pasarse a Ubuntu hay que dedicarle cierto tiempo y esfuerzo (como a todo lo bueno en la vida), pero creo que merece la pena por razones “ideológicas” y prácticas.