9h de la mañana, Parque Tecnológico de Zamudio. Sí otra vez me ha sucedido, he llegado una hora antes a la reunión. Pero todo está bajo control, en el edificio central del parque, meca de la innovación y la tecnología vasca, tienen una red wifi abierta al público (Wifi Publikoa leo en la pared).

El plan es claro; leer el correo y completar algunas ideas en los wikis de un par de proyectos en los que participo. Repito para mis adentros ¡¡Cómo mola Internet!! ¡¡Merece la pena utilizar Internet como plataforma de trabajo!!. Realmente necesito recobrar la confianza después de que hace dos días en una sala o aula virtual, de esas que cuestan una pasta, no hubiera posibilidad de acceder a una conexión wifi (“¿Wifi? eso es imposible” me dijo el responsable de aula un poco ofendido).

Abro mi portatil en la cafetería y busco la red pública, después de unos instantes esperanzadores aparece una página donde introducir un nombre de usuario y contraseña. No pasa nada, me voy a la recepción y pregunto por la wifi pública. La recepcionista me da un tarjetón enorme de instrucciones y me advierte de que sólo podré utilizar la red una hora, no vaya a ser que te vicies y se te olvide  trabajar de verdad parece decirme con la mirada.

Abro el tarjetón, confío en mis posibilidades técnicas plenamente, y más me vale casi me dedico a esto.Pero, leo las instrucciones y me entran sudores fríos, ¡¡No entiendo lo que me quieren decir!!. Me concentro, me cuesta un rato pero al final parece que lo consigo (unos 20 minutos después). Nombre de usuario y contraseña insiste el navegador. Pero ahora sí, he seguido correctamente las instrucciones y estoy convencido de lograrlo. Mie…usuario bloqueado, parece que soy un torpe y he necesitado más de tres intentos para conectarme. Miro el paisaje y suspiro ¿bajo a por otro tarjetón? no se, no se, en recepción pueden considerar mi insistencia como algo sospechoso, a lo mejor piensan que soy uno de esos hackers que no pueden vivir sin Internet y que les voy a echar el edificio abajo a poco que logre conexión, qué se yo.

Suspiro y me cargo de energía positiva para abrir mi cuaderno de anillas y empezar a escribir estas líneas. Las páginas cuadriculadas me miran con soberbia y me acogen una vez más mientras se parten de risa de mi y de los lemas tecnológicos, innovadores y futuristas que me rodean.

Esto no puede quedar así, pienso en tono conspirativo y amenazador hacia la hoja en la que escribo, me voy a comprar otro cuaderno, pero esta vez de tapas galácticas (de un color gris_acero_inoxidable) acorde con el entorno tecnológico e innovador que me rodea.