Hay post que parecen escritos expresamente para uno mismo. Esa es la sensación que he tenido esta mañana al leer el post de Yoriento “Ir llorado de casa, pero ir”. En él, se recogen las declaraciones de Angel Gabilondo en el transcurso de una entrevista en el diario El País acerca de cómo encarar esas situaciones en las que lo único que te apetece es apearte del mundo (y no sólo en situaciones relacionadas con el trabajo):

“Ángel Gabilondo, presidente de los rectores, filósofo metafísico, acude a la cita precedido de lo que dice en su último libro, Alguien con quien hablar. A las siete menos veinte suena su despertador. Antes de levantarse, remolonea, piensa, “eso tan peligroso de pensar”. “Me acuerdo mucho de mis padres; nunca dejaron de ir adonde tenían que ir. No me dejo dominar por los estados de ánimo, tengo que hacer”. ¿Y cuáles son esos estados de ánimo? “Veo montañas que hay que escalar, todo me resulta complejo; darían ganas de decir ‘no juego’, pero no me permito una rendición. Así que una vez que acaba la ducha helada ya no me permito sino la tarea que he de hacer”. Va al trabajo “llorado de casa”, y es lo que le pide a los que están con él, “que vengan llorados de casa” (extracto de la entrevista en el País recogido del blog de Yoriento)

Yoriento tiene otra serie de posts sobre estos temas (aquí y aquí por ejemplo). Me resultan muy familiares esos pensamientos negativos que dan vueltas y vueltas, que hacen que desconfíes de ti mismo, que terminan por paralizarte al hacerte pensar que lo mejor es refugiarse en el sofá y dejar que el tiempo se eternice con la esperanza de que no termine de pasar nunca ese instante tranquilo. Algunos a esos pensamientos y emociones los llaman “pasajeros negativos” yo, que he visto y comprendido a Dexter, le llamo el “oscuro pasajero.” En fin, leer a Yoriento que lo explica mejor que yo.

En todo caso de lo leído sobre este tema en las referencias que os he pasado me quedo con dos cosas. Por un lado, que lo mejor es avanzar, hacer, no rendirse. Y por otro lado, cada vez entiendo mejor a Punset cuando predica por una educación emocional en la escuela, sino las emociones pueden terminar decidiendo por ti cuando no deben. Os dejo con la metáfora del autobús y los pasajeros que refleja muy bien qué es para mi el “oscuro pasajero”.

METÁFORA DEL AUTOBUS Y LOS PASAJEROS.

Imagínese que usted es el conductor de un autobús con muchos pasajeros. Los pasajeros son pensamientos, sentimientos, recuerdos y todas esas cosas que uno tiene en su vida. Es un autobús con una única puerta de entrada, y sólo de entrada. Algunos de los pasajeros son muy desagradables y con una apariencia peligrosa.
Mientras usted conduce el autobús algunos pasajeros comienzan a amenazarle diciendole lo que tiene que hacer, dónde tiene que ir, ahora gire a la derecha, ahora vaya más rápido, etc., incluso le insultan y desaniman, eres un mal conductor, un fracasado, nadie te quiere… Usted se siente muy mal y hace casi todo lo que le piden para que se callen, se vayan al fondo del autobús durante un rato y así le dejen conducir tranquilo.
Pero algunos días se cansa de sus amenazas, y quiere echarlos del autobús, pero no puede y discute y se enfrenta con ellos. Sin darse cuenta, la primera cosa que ha hecho es parar, ha dejado de conducir y ahora no está yendo a ninguna parte. Y además los pasajeros son muy fuertes, resisten y usted no puede bajarlos del autobús. Así que resignado vuelve a su asiento y conduce por donde ellos mandan para aplacarlos.
De esta forma, para que no le molesten y no sentirse mal usted empieza a hacer todo lo que le dicen y a dirigir el autobús por dónde le dicen para no tener que discutir con ellos ni verlos. Usted hace lo que le ordenan y cada vez lo hace antes, pensando en sacarlos de su vida. Muy pronto, casi sin darse cuenta, ellos ni siquiera tendrán que decirle “gire a la izquierda”, sino que usted girará a la izquierda para evitar que los pasajeros se echen sobre usted y le amenacen.
Así, sin tardar mucho, empezará a justificar sus decisiones de modo que casi cree que ellos no están ya en el autobús y convenciéndose de que está llevando el autobús por la única dirección posible. El poder de estos pasajeros se basa en amenazas del tipo “si no haces lo que te decimos, apareceremos y haremos que nos mires, y te sentirás mal”. Pero eso es todo lo que pueden hacer. Es verdad que cuando aparecen estos pasajeros, pensamientos y sentimientos muy negativos, parece que pueden hacer mucho daño, y por eso usted acepta el trato y hace lo que le dicen para que le dejen tranquilo y se vayan al final del autobús donde no les pueda ver.
¡Intentando mantener el control de los pasajeros, en realidad ha perdido la dirección del autobús¡ Ellos no giran el volante, ni manejan el acelerador ni el freno, ni deciden dónde parar. El conductor es usted.