Ultimamente son varias las personas quE en un arranque de sinceridad me han reconocido que esto de la Web 2.0, Internet, etc. les produce angustia. Cuando hablo con ellas, y otras personas, percibo que entienden Internet como un invento….o una tecnología totalmente ajena a sus vidas. Entienden que es una revolución en marcha donde se está produciendo una actividad transformadora de lo social, económico, cultural, etc. Pero se muestran incapaces de sumarse a ella. Saben de la aparición de ese nuevo espacio social compartido donde sus posibilidades de aprendizaje, socialización, etc. se multiplican pero aún así no dan “el salto”.

¿Qué hay detrás de esta parálisis? Ciertamente muchas cosas;  por ejemplo es cierto que, como dice Juan Luis Azakarate , “hay tantas aplicaciones, tanto que mirar, vigilar, repasar, estar atento…“, que puede llegar a producir estrés. También es verdad que el miedo a lo desconocido juega su papel, pero, últimamente,  tras alguna conversación que otra con Lander Beloki, tenía la sensación de que lo que subyace en el rechazo a incorporarse a estas nuevas dinámicas tiene que ver más con un aspecto digamos que cultural. No tenía muy claro cómo dar forma a esta idea hasta que he leído a Joan Mayans en el libro Cultural digital y movimiento sociales. Y es que, en lugar de un Ciberespacio (ese lugar  compartido de acción social, económico, creativo, etc.) las personas perciben que existe una Cibercultura de la que no quieren/pueden  sentirse parte.  Así, como dice Mayans, “lo cibercultural…queda teñido de un cierto barniz distante, hasta cierto punto esotérico y críptico, vinculado[…]a contraculturas tecnófilas varias. Comúnmente se asocia la idea de cibercultura a una especie de tendencia cultural o estética, a un grupo más o menos cerrado alrededor de un cierto conocimiento tecnológico e incluso a una especie de estereotipo  freak/friki[…] La cibercultura sería pues algo propio de una determinado grupo, adquirida ésta de un modo deliberado, acumulativo y elitista, que serviría para construir, distinguir o identificar a este grupo, convirtiéndolo pues, en algo diferente.

Quizás, no lo se, algunos hemos puesto  demasiado énfasis en el concepto “valor” (con connotaciones claramente culturales) lo que ha producido la sensación de que hay que ser/estar de una determinada manera para compartir y disfrutar el ciberespacio. Tampoco ayuda el hecho de que, en sus orígenes, la red estuviera habitada básicamente por lo que la sociedad conoce como Hackers, dueños de un tipo de cultura muy definida. No lo se…

En todo caso, tenemos un bonito reto delante; ¿Cómo ayudar a las personas a superar la angustia que le produce este nuevo espacio digital compartido? La formación y la información serán imprescindibles para superar miedos e ignorancias pero alejarlo de una visión particular e intransferible que amenace los valores propios de cada persona puede ser también una buena idea.