(Gran parte del texto de este post está compuesto por fragmentos del libro “La Contracultura a través de los tiempos” de Ken Goffman, por no cansarme y cansaros con las referencias continuas a él dejo esta referencia genérica al comienzo)

Jesús ha prendido el debate sobre la autogestión en nuestra pequeña comunidad. Todos estamos de acuerdo en sus bondades pero también compartimos la idea de que aún queda mucho por hacer para acercarnos a ella. Yo me preguntaba qué tipo de cultura organizacional sería aquélla que facilitase la autogestión y, de repente, se me ha cruzado el concepto de lo contracultural. Basándome en ésta última, y para facilitar la aparición y consolidación de la autogestión en nuestras organizaciones, propongo olvidar el concepto de cultura organizacional, como sistema de valores compartidos por los miembros de una organización, e instaurar un entorno donde prime la individualidad, es decir, el poder del  individuo para desarrollar su propia libertad creadora en base a sus propias creeencias. Seguramente adoptar esta idea sería un suicidio para organizaciones que busquen la homogeneidad, la eficiencia, la predecibilidad, el “café para todos” etc. pero, ¿realmente queremos organizaciones de ese tipo?

En todo caso, creo que merece la pena indagar en el concepto de la contracultura. Las características básicas de ésta adoptan tres formas:

  • Las contraculturas conceden la primacía a la individualidad por encima de las convenciones sociales y las restricciones institucionales.

Otorgar la primacía a la individualidad implica el cultivo, promoción y defensa de la expresión propia del individuo, no solo en términos de la “libertad de expresión” sino respecto de las creencias, el aspecto personal, la acciones a realizar y todos los demás aspectos de la vida. El espíritu contracultural solo rechaza las expresiones de la individualidad que oprimen claramente a otros. La contracultura viene caracterizada por la afirmación del poder del individuo para crear su propia vida más que para aceptar los dictados de las convenciones y autoridades sociales que le rodean.

  • Las contraculturas desafían el autoritarismo tanto en sus formas obvias como en las sutiles.

Algunas contraculturas desafían el control descarado de los individuos por los poderes de Estado o la religión. Pero todas ellas rechazan el autoritarismo más sutil que se ejerce mediante sistemas rígidos de creencias o valores, convenciones ámpliamente aceptadas, presión social, paradigmas estéticos inflexibles o tabúes, tanto expresos como tácitos. Al contrario de muchos revolucionarios, el contracultural no busca el establecimiento de un régimen alternativo para sustituir al antiguo, sino más bien avanzar hacia una libertad individual cada vez mayor.

  • Las contraculturas están a favor del cambio individual y social

Los contraculturales practican con pasión lo que Nietzsche llamó la “transvaluación”, una filosofía y un modo de vida que supone experimentar continuamente con el cambio de sistemas de valores, las percepciones y las creencias como un fin en sí mismo.

Otras características manifestadas por la contracultura que nacen de los anteriores principios fundamentales son:

  • Rupturas e innovaciones radicales en el arte, la ciencia, la espiritualidad, la filosofía y el vivir.
  • Diversidad.
  • Contacto interpersonal auténtico, profundo y de comunicación abierta. También, generosidad y puesta en común democrática de las herramientas, conocimiento e información

El verdadero camino contracultural es difícil. Es dudoso que en un tiempo próximo una mayoría estuviera contenta de vivir sin ninguna clase de sistema de creencias dictado desde fuera. Estar libres de certezas y rígidos códigos de conducta seguirá sin duda provocando en muchos confusión, angustia y comportamientos destructivos. Sin embargo, el primer paso bien podría ser el que las empresas impulsaran un movimiento contracultural, como el brevemente descrito aquí, en su interior. En muchas organizaciones, es fácil encontrar sus valores culturales pegados y proyectados por todas sus instalaciones para hacerlos llegar a sus miembros y a sus visitantes. ¿Por qué no abolir la cultura y difundir la contraculturalidad? Aunque bien pensado, me cuesta pensar que las instituciones de nuestros días apuesten por la Individualidad, el Antiautoritarismo y la Transvaluación como ejes de su forma de ser. No se, me resulta difícil  imaginar entrar en una empresa y ver esas tres palabras escritas en la recepción en letras bien grandes. Tienen demasiada mala prensa ¿me equivoco?