Este miércoles nos reunimos los chicos de OBEA en Orue para hablar de todo un poco y, seguramente, puede ser un buen momento para echar la vista atrás y pensar sobre el camino recorrido hasta ahora, no tanto en cuanto a los proyectos concretos como a los conceptos que hemos ido manejando desde el principio.

Todo comenzó con el blog de Julen allá por mediados del 2005. A partir de él entramos de lleno en la web 2.0, asistiendo asombrados a la democratización de los medios de producción y difusión de información en Internet. Creo que fuimos conscientes desde el principio que aquello era más que el uso de unas aplicaciones tecnológicas, tras ellas intuíamos la aparición de nuevos valores y actitudes que cambiarían muchas de las formas de hacer de las organizaciones del siglo XXI. Así empezamos a indagar en el concepto de la conversación entre iguales, es decir, entre las empresas y las instituciones y sus clientes, usuarios, etc. Lógicamente estos nos ha llevado a acercarnos al mundo del Marketing y de la Comunicación, ya que la conversación que planteamos como deseable en este nuevo entorno 2.0 supone una revolución importante a la hora de encarar las relaciones entre productores y consumidores.

Pero quisimos ir un poco más allá y pensamos que una conversación puede servir para poner en común la inteligencia de las personas de forma que sea posible generar un valor importante en tal interacción. En efecto, cuando una cantidad cada día mayor de personas, tienen voz y conocimiento (como sucede en la sociedad actual de los países desarrollados), canalizar toda ese potencial para impulsar la innovación en las organizaciones parecía un paso lógico y atractivo. Y así, nos acercamos al mundo de la innovación, donde hemos dado mucha guerra con el concepto de innovación abierta.

Sin embargo, no hemos querido crear la expectativa de una oportunidad sin necesidad de cambios, en muchas ocasiones, “dolorosos” para las organizaciones. Así, hemos hecho mucha incidencia en los conceptos de transparencia, identidad digital y en convencer a las organizaciones de la necesidad de compartir información (y en consecuencia de explorar nuevas formas de encarar los derechos de propiedad) como forma de poner en marcha procesos de conversación y co-creación.

Llegados a este punto comprendimos que estos nuevos valores y actitudes hacían posible, junto con otros cambios en el entorno, no sólo actuar sobre procesos concretos (innovación, marketing, etc.) sino imaginar también un tipo sustancialmente diferente de organización menos centrada en la eficiencia y más en la innovación, la capacidad de adaptación y la velocidad de acción; un modelo que denominamos Empresa Abierta y al que le estamos dedicando una considerable energía en los últimos tiempos.

Visualizamos la empresa abierta como una comunidad de individuos, fuertemente conectados por las nuevas tecnologías de la web social, en la que pierde importancia la dicotomía dentro/fuera (empleados o no empleados) porque todos ellos, de forma colaborativa, son capaces de aportar valor para desarrollar un producto o servicio que es competitivo en el mercado. Para entender mejor las posibilidades, límites y formas de ser de este modelo de organización estamos investigando algunos temas que ya nos acompañan desde hace tiempo como, por ejemplo, la maximización de la participación o contribución de los individuos a una comunidad o espacio común o la descentralización, la subsiedariedad y la autogestión en la toma de decisiones.

Pero, ante todo hemos querido poner el acento en que la empresa abierta sitúa en primer lugar a las personas, a los individuos que se adhieren libremente y temporalmente (desde dentro o fuera de la propia organización) a un proyecto colectivo ¿Qué podemos hacer para contar con el compromiso e implicación real de estas personas? Para responder a esta pregunta hemos dedicado mucho esfuerzo a entender la teoría de la autodeterminación, pero nos ha parecido especialmente sugerente el concepto de empresa con propósito como forma de conectar a las personas en un proyecto común y motivador. En esta labor de dar más protagonismo al individuo también hemos analizado la ética hacker como fuente de ideas orientadas a conseguir más emoción, diversión, significado, etc. en la actividad de las personas en el seno de la comunidad/empresa.

Personas proactivas, conectadas y con poder de decisión (más el entorno turbulento que nos rodea) hacen de la empresa abierta un espacio poco predecible, o dicho de otra forma, nada contralable, lo que no es fácil de aceptar dentro de nuestros esquemas actuales ligados al ciclo PDCA. Romper con ellos para dar lugar a espacios emergentes donde el conjunto de elementos de la organización son quienes a través de sus acciones locales determinan el comportamiento y la dirección global a cada momento, por encima de los interminables procesos de planificación, es otro de los temas encima de la mesa de OBEA.

Bueno pues de forma sintética esto es de dónde venimos y dónde estamos, mientras que el encuentro del próximo miércoles marcará hacia dónde vamos. Una vez más, quiero resaltar que estos nuevos modelos en los que estamos investigando no son necesariamente apropiados para todo tipo de organizaciones, pero sí que estamos convencidos que pueden resultar valiosos para muchas de ellas. Nuestro campo es la innovación organizacional y en él seguiremos mientras el cuerpo aguante 😉

En todo caso, me gustaría acabar con una confesión, yo quería escribir un itinerario emocional de OBEA pero mis reconocidas limitaciones en este campo me han llevado finalmente a escribir esto tan aburrido de los conceptos de la investigación. Tengo la esperanza de que alguno de mis emotivos colegas se anime a acometer este reto que dejo aquí y ahora en sus manos.