Invitados por el Instituto Orkestra el jueves 2 de Julio estuvimos en el Palacio Euskalduna algunas personas hablando sobre las posibilidades de la Action Research. Ayudados por investigadores del Instituto Agder de Noruega repasamos las oportunidades, limitaciones y problemas de esta forma de enfocar la investigación.

La Action Research pone en juego tres elementos; acción, participación e investigación. Acción, por cuanto la investigación tiene que producir cambios en el entorno o en el sujeto sobre el que se investiga;  participación porque es preciso implicar en gran parte de las fases de la investigación a las personas protagonistas de dichos cambios si queremos que éstos tengan un efecto real sobre el terreno; investigación, ya que del proceso de cambio es indispensable destilar nuevo conocimiento que engrose el campo científico en el que estamos inmersos.

En OBEA, estamos trabajando con algunas organizaciones bajo las premisas que acabo de nombrar (si bien es cierto que tenemos que seguir mejorando nuestro enfoque metodológico) y me gustaría compartir algunas “lecciones aprendidas” de todo ello por si pudiera dar lugar a alguna idea más.

  • Bajo esta perspectiva el investigador tiene que arriesgar. Tiene que demostrar audacia para proponer acciones que tienen consecuencias reales y significativas (en nuestro caso en una organización determinada) y eso no es fácil de asumir. Leer y escribir en la biblioteca, o hacer prácticas en un laboratorio no conlleva ninguna responsabilidad frente a terceras personas o instituciones, cosa que sí sucede en la Action Research. Desde luego actuar es mucho más divertido y más gratificante en la mayor parte de las ocasiones pero…es más incomodo también.
  • Una vez que te incorporas a una organización con el rol de resolver un problema, es muy posible que termines bregando con asuntos del día a día que sólo tienen que ver con el objeto de la investigación original de una forma tangencial. Además, la organización termina esperando de ti que resuelvas problemas concretos o al contrario puede llegar a percibir el proyecto como un fracaso que genera decepción en ambas partes. En este sentido la línea que separa la investigación de la consultoría se vuelve muy fina, demasiado fina. Para evitar todo esto es preciso gestionar las expectativas de ambas partes de forma precisa antes de empezar a trabajar, entendiendo que la investigación tiene su razón de ser en problemas desestructurados y más orientados al futuro. Se trata de crear conocimiento en conjunto y no tanto de meramente transferirlo.
  • Este tipo de investigación genera resultados difícilmente publicables en las principales revistas científicas. En éstas se imponen los modelos cuantitativos, más orientados a la realización de estudios de campo estadísticos, que a la resolución de problemas de agentes concretos. Desde el momento en que los méritos de un investigador se miden por la cantidad y calidad de sus publicaciones estamos ante un gran handicap.
  • El investigador necesita de nuevas habilidades relacionales. En efecto, como dije más arriba es necesario contar con los protagonistas del cambio en su diseño e implantación. No siempre es fácil para una persona habituada a la universidad entender la idiosincrasia propia de las personas en una organización y, lo mismo se podría decir a la inversa. El investigador debe bajarse del pedestal de los modelos científicos elegantes y perfectos para entablar una relación de confianza con personas de una “cultura profesional” muy diferente y en muchas sentidos mucho más compleja. En este sentido, los conflictos pueden aflorar muy fácilmente, especialmente cuando el investigador comprueba reiteradamente que pierde el control del experimento apareciendo en el horizonte la incertidumbre sobre los resultados a obtener.
  • Por último, percibo que las administraciones públicas están apostando por este tipo de investigación en sus convocatorias de ayudas a la investigación.  Lo digo tanto por nuestra experiencia hasta ahora como por lo que pude escuchar en el seminario (había invitados del Gobierno Vasco, Diputaciones, etc.). No estaría de más que estas mismas instituciones hiciesen algo por cambiar los un tanto fosilizados métodos de evaluación de la calidad de los investigadores a los que nos tenemos que someter. Y no tan solo por las perspectivas que abre la Action Research sino por todo lo que está suponiendo el movimiento Open Research.

En fin, larga vida a los action researchers… 😉