Repaso nuestras palabras de los últimos tiempos y veo algunas que se repiten constantemente. Una de ellas es sin duda, la pasión.

Pasión porque nos lleva a actuar movidos por una motivación intrínseca que saca lo mejor de nosotros (creatividad, conocimiento, compromiso, etc.). Pasión que da, a su vez, sentido a nuestro trabajo dejando de lado palabras como obligación, monotonía, aburrimiento… Nos hemos atrevido también a hurgar en las claves de la pasión: libertad, autonomía, percepción de autoeficacia, propósito, etc. Pero, no nos hemos detenido en pensar sus “contraindicaciones” me temo.

Mi ama me dio la primera señal de alarma cuando me habló de la obsesión por el trabajo que veía a su alrededor. También en algunos casos de nuestro reciente estudio ha salido este mismo tema. Sin embargo, ha sido finalmente la lectura de “Emprendizajes en cultura” de Jaron Rowan de Yproductions quien le ha dado forma a esta preocupación. En su análisis constata que muchas personas trabajan más horas de las “normalmente” establecidas sin recibir a cambio ninguna contraprestación adicional en forma de más salario, vacaciones, seguridad laboral, etc. Se trata de personas apasionadas por su trabajo, donde se autorealizan como individuos, que compensan la falta de beneficios tangibles por una sensación de fortuna por poder hacer lo que realmente les gusta con bastante libertad. Lo preocupante es que muchas empresas, “delasdetodalavida”, han entendido estos regímenes de autoexplotación y sacrificio y los han normalizado como modos de trabajo. No obstante, si eres un profesional independiente no estás a salvo ya que estas mismas empresas e instituciones aplican estos regímenes con aún más alegría en el trabajo subcontratado.

No tengo ninguna certeza pero entiendo que esta autoexplotación continuada no puede dar lugar a un esfuerzo sostenible. Por mucha pasión que le pongas a las cosas, el cansancio y el estrés son una realidad física impepinable. Pienso, y creo que lo práctico, que el trabajo debería ser más que un proyecto económico y que merece la pena sacrificar aspectos materiales para poder hacer cosas más significativas para uno mismo y los demás. Sin embargo, creo que debemos aprender a autoregular nuestro esfuerzo si queremos dar sentido a largo plazo a nuestro trabajo.