Un tema recurrente en nuestro discurso sobre la Empresa Abierta es la necesidad de contar en ésta con un propósito, es decir, un sentido para la organización que vaya más allá de ganar dinero. Creemos en las empresas económicamente eficaces pero también socialmente útiles. ¿Qué aportas como organización a la sociedad? Sí la respuesta es beneficios para los propietarios y puestos de trabajo desde los que se propaga ,como un virus, una alarmante falta de sentido…vamos mal.

Cuando decimos estas cosas la gente mira con cara rara, como si quisiera ver en tus ojos a un Fidel Castro de pacotilla. Por eso que pensadores del Managament tan reconocidos como Gary Hamel comparta tu opinión es todo un alivio. Hamel, que no es sospechoso de comunismo, ha escrito recientemente en su blog que necesitamos un nuevo capitalismo, uno en el que el futuro siga siendo un lugar habitable…

Para ello señala la necesidad de echar abajo una serie de principios tóxicos sobre qué son los negocios, a qué intereses sirven y cómo se crea valor. Más concretamente los viejos principios a superar serían:

  1. El paradigma por el que el objetivo de un negocio es hacer dinero (en lugar de mejorar el bienestar humano de manera económicamente eficiente).
  2. Los líderes empresariales sólo pueden ser considerados responsables de los efectos inmediatos de sus acciones (y no por las consecuencias de segundo y tercer orden en su búsqueda decidida de crecimiento y rentabilidad).
  3. Los ejecutivos deben ser evaluados y compensados sobre la base de las ganancias a corto plazo (y no sobre la base de la creación de valor financiero y social a largo plazo).
  4. La forma de establecer credenciales sociales de una empresa es a través de declaraciones de misiones altruistas pero huecas, de productos verdes solo por fuera y de un abultado presupuesto de RSE (en lugar de a través de un compromiso inquebrantable y de sacrificio para hacer lo correcto).
  5. La principal justificación para “hacer el bien” es que ayuda a hacerlo bien desde el punto de vista de resultados económicos para la empresa (la consecuencia: una empresa debe hacer el bien cuando hay un lado financiero positivo y algo menos, o nada, cuando no lo hay).
  6. Los clientes se preocupan mucho más sobre la relación calidad-precio que de los valores implicados en la elaboración y venta del producto.
  7. Los clientes de una empresa son las personas que compran sus servicios (en lugar de todos aquellos cuyas vidas se ven afectadas por sus acciones).
  8. Es legítimo que una empresa para ganar dinero pueda explotar la ignorancia de su cliente, exagerando los beneficios del producto o limitando sus opciones como ciudadano.
  9. El poder de mercado y la influencia política son formas aceptables de lucha contra una tecnología punta o un competidor no convencionales.
  10. Los negocios son acerca de la ventaja, el enfoque, la diferenciación, la superioridad y la excelencia (y no sobre el amor, la alegría, el humor, la belleza y la justicia)

Casi nada al aparato, amigo Hamel 🙂

En fin, para este influyente pensador económico aquellos líderes que sólo entienden sus negocios como un hecho económico y no social, tarde o temprano, serán dejados en fuera de juego por la sociedad del siglo XXI. ¡Amen!

Veo difícil convencer a muchos sobre estas ideas pero algunas pinceladas de todo ello ya se ven en la realidad, lo cual ayuda bastante también. Así, tenemos el ejemplo de la empresa energética nórdica Vattenfall.  Esta compañía anima y premia el ahorro de energía, y consecuentemente la disminución en el consumo de su producto, a través de una campaña donde juegan un papel muy importante conceptos como diversión y social. Ahí va un vídeo sobre esta campaña.

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