Me interesa mucho el tema del libro electrónico, se unen en él lo digital, que me ocupa profesionalmente desde hace unos años, y el tema de la lectura que ocupa gran parte de mi tiempo libre. Así que suelo observar con mucho interés todo lo que llega a mis manos sobre este tema. Entre lo último que he leído está el informe elaborado por el Grupo de Trabajo sobre el Libro Electrónico. En él,  tratan de dar voz a los principales agentes de la cadena de valor del sector del libro para identificar oportunidades y amenazas ante la digitalización del libro.

Desde el primer momento se identifica el problema “El problema es que la protección que ofrece nuestro ordenamiento jurídico es débil y esto dificulta el establecimiento de modelos de negocio de oferta legal en Internet“. Es decir, no se castiga con eficacia a quien distribuye copias ilegales por Internet. Además de la persecución, la otra opción sería identificar un modelo de negocio que permitiría distribuir gratuitamente o, a un precio mínimo, los libros digitales. Pero esta opción no tiene aún un modelo  de negocio (modelo  de ingresos diría yo) lo suficientemente eficaz como para convencer a los editores. En todo el estudio es constante la apelación a la necesidad de buscar este nuevo modelo de negocio que permita la distribución libre y legal de contenidos por la web pero, al mismo tiempo, en todo momento el texto destila pesimismo sobre esta posibilidad.

A pesar de todo esta incertidumbre los editores apuestan por la digitalización. Así el estudio ofrece cifras interesante como que el 80% de ellos tiene ya para el 2011 un proyecto de digitalización o que para ese mismo año tendrán el 32% de sus contenidos digitalizados y comercializándose. Además, la mayoría de los editores apuntan a un precio para el formato digital un 30% menor que el  del libro físico.

Otros agentes también tienen voz y también están especialmente preocupados por los temas de la piratería y la falta de un modelo de negocio para la libre distribución de contenidos. No obstante cada cual busca su lugar en este nuevo mundo que se avecina. Así, lo libreros consideran que su papel de selección y recomendación de libros seguirá siendo necesario, aunque asumen que las habilidades requeridas para el oficio cambiarán bastante. Los distribuidores, que ya no tienen cosas físicas que mover, se ofrecen  para ser “la plataforma independiente necesaria de distribución, así como el repositorio digital“. Los escritores mientras tanto, también están preocupados por lo nuevos modelos de contrato de cesión de derechos que deberán cambiar sustancialmente.

En general, me ha llamado la atención también una idea que se repite más de una vez en el texto “[los agente del sector] no creen que en la industria del libro se alcancen cotas de piratería similares a las producidas en la industria musical” parece que los lectores somos mejores personas que los oyentes de música en general ¿no? No se, esto me parece agarrarse a un clavo ardiendo la verdad. Además, si hay que elegir entre pagar un 30% menos pero ser legal o conseguirlo gratuitamente siendo ilegal sin consecuencias para uno mismo…muchos no se lo van a pensar me temo. Tampoco creo que la experiencia de lectura sea tan insatisfactoria en este nuevo medio como para renunciar a las ventajas añadidas que tiene.

En fin, echo de menos en el texto la mención y el análisis a nuevas alternativas editoriales, de distribución y de creación literaria que seguro que ya están en marcha. La noticia esta semana de la creación de un Spotify de los libros (24symbols) por ejemplo, es un indicador de que más allá de las tradicionales empresas del sector hay vida que puede traer aire fresco y enriquecedor a este mundo. O mucho cambian las cosas o me parece a mi que en la medida que bajen los precios de los e-readers, veremos un tráfico ilegal de libros que será la pesadilla de muchos.

La foto es de nuttyxander