Cada vez escucho más procomún (o commons en inglés) en el ámbito económico. Son buenas noticias, pero a veces me cuesta comprender lo que hay detrás de este concepto. Por eso, como escribir es una estupenda manera de reflexionar me propongo redactar tres breves post sobre el tema; uno sobre el procomún (este mismo post), otro sobre la empresa del procomún y un tercero sobre las implicaciones de éste en la empresa actual. Allá voy.

Como se señala en The commons-prospetity by sharing, un commons o procomún está compuesto por tres elementos: recurso, comunidad y normas.

Los recursos del procomún están bajo un régimen de coposesión por parte de todas los miembros de la comunidad. Esto quiere decir que todos pueden usar y explotar el recurso al mismo tiempo que todos son responsables de su conservación. De esta forma el procomún evita el modelo basado en la compra-venta y la propiedad privada o pública (en el sentido de perteneciente al Estado)  que son  los paradigmas económicos actuales, apostando en su lugar por la colaboración y por poner en común recursos como una forma más eficaz de entender la actividad en ciertos sectores. La capacidad de establecer las normas de uso, explotación y ciudado del recurso están en manos de la comunidad. Muy frecuentemente estas reglas son tácitas, pero en cualquier caso son asimiladas y respetadas por todos los miembros del commons. Al establecer el libre acceso a los recursos, el riesgo del modelo está en la aparición de los “free-riders”. Se considera como tales a aquellas personas u organizaciones que sin respetan las normas intentan maximizar los beneficios que le pudiera aportar el recurso compartido sin importarles la sostenibilidad de todo el sistema.

Tradicionalmente el mundo de los recursos naturales ha sido el escenario donde más se ha utilizado este modelo de gestión. Por ejemplo, los bosques alrededor de los pueblos de los que se extraían leña o el pasto han funcionado, en muchas ocasiones, bajo los parámetros aquí brevemente explicados. En la actualidad la emergencia y el rápido desarrollo de algunos recursos digitales ha avivado la posibilidad de hacer uso del modelo procomún aprovechando los nulos costes de intercambio y reproducción de éstos. En efecto, desde espacios como el conocimiento, la cultura o el software libre han surgido comunidades que han querido proteger y enriquecer procomunes sin la necesidad de acudir para ello al modelo de propiedad pública o privada. Así, por ejemplo, el código de muchos programas de software libre se gestiona actualmente como un commons, en el sentido de que toda la comunidad tiene la posibilidad de usarlo y explotarlo pero al mismo tiempo también asume la responsabilidad de aportar a él para hacer el entorno sostenible. En este sentido se trata de recursos que son de todos pero de nadie al mismo tiempo. Hay que matizar también qué quiere decir libre acceso en este contexto ya que puede significar diferentes cosas. Es decir, en el caso del bosque que antes señalábamos, es un procomún al que solo tendrían acceso, normalmente, los miembros del pueblo, mientras que  los programas de software libre (y  los recursos digitales en general) son de acceso universal, si bien es cierto que de la conservación del recurso siempre hay encargada una comunidad más o menos identificada.

Llegados a este punto, al pregunta es ¿es posible la empresa del procomún? o dicho de otra forma ¿es posible la sostenibilidad económica de una organización alrededor de un recurso del que no puede apropiarse?