En la Red de Consultoría Artesana, Amalio y Odilas están dándole vueltas continuamente al concepto de redes productivas. Estas se distinguen de las redes de aprendizaje en que más allá del intercambio de conocimiento existe la necesidad de coordinar un conjunto de personas para llevar a cabo un proyecto con sus objetivos, tareas, clientes, etc. Y es que es muy distinto un entorno amable de aprendizaje a otro más “estresante” con plazos y exigencias que aprieten el “zapato”.

La necesidad de entender qué suponen y cómo se forman y dinamizan las redes productivas tiene su origen en un fenómeno ya incontestable: el cada vez mayor número de personas que abandonan su organización para establecerse como profesional independiente o freelance. El dar este paso es en sí mismo un reto importante para cualquier persona como  lo demuestran por ejemplo, estos dos (aquí y aquí) estupendos artículos que analizan los retos a superar por parte de estos profesionales.

No obstante, el hacerse “microbios” no quiere decir que estas personas renuncien a participar en proyectos ambiciosos, por el contrario la intención de hacer cosas atractivas es más fuerte que nunca en ellas. Para poder participar en este tipo de iniciativas existen, básicamente, dos vías; el colaborar con grandes empresas u organizaciones, lo que lleva frecuentemente a disgustos relacionados con una relación descompensada del poder o bien construir empresas a lo Hollywood, es decir,  reunir a un conjunto de personas, orientadas a un proyecto/cliente(s), de forma temporal (lo que dure el proyecto). Con esta idea en la cabeza, Odilas lidera The Project una ¿organización? para constituir “equipos especiales para proyectos únicos”.

Este enfoque tiene sus ventajas incuestionables: optimización de costes, idoneidad de perfiles, diversidad, eficacia, etc. y permite algo que en nuestra investigación de empresa abierta se recalca mucho; la obsesión de no crecer para mantener una dimensión humana de la empresa. En definitiva, estamos viendo apuestas por nuevos modelos productivos en una nueva economía que requiere nuevas formas de organizarse…pero nadie dijo que fuera fácil, este tipo de redes productivas tienen, no podía ser de otra manera, obstáculos, dificultades, etc. para resultar instrumentos eficaces. Hago aquí un primer intento por identificar cuáles son las claves de funcionamiento de estos equipos temporales, a ver si luego alguien sigue la ronda 🙂

Quizás la variable más obvia es la tecnología. Es la irrupción de soluciones baratas y efectivas para la colaboración en procesos distribuidos geográfica y temporalmente lo que facilita en extremo la “empresa a lo Hollywood”. De hecho, casi siempre, estos profesionales cuentan con herramientas tecnológicas superiores a aquellos que trabajan dentro de un organización y se ven limitados por las políticas de seguridad de sus empresas. Para el proyecto de Comunidades y Equipos de Innovación que estamos desarrollando en el PIP, Odilas presentó un conjunto de herramientas colaborativas agrupadas por el tipo de funcionalidad que ofrecían. No está demás repasarlas no vaya a ser que estemos dando por supuesto en la red que estamos haciendo uso de todo el potencial de las herramientas y luego no sea así…

Pero las competencias, en este caso la capacidad de colaborar, no solo dependen de la tecnología sino también de las habilidades individuales como la empatía, la creatividad, etc. Es decir, que habría que identificar las habilidades propias de la persona colaborativa tal y como ha hecho a través de las iskills Nacho para el caso del individuo innovador. Por lo tanto, si no existen ni las tecnologías ni las habilidades necesarias en la red productiva difícilmente será ésta eficaz.

Si duda otro de los elementos esenciales es la confianza entre aquellos que forman parte de las redes productivas. Para que una red de este tipo funcione se presupone confianza, sin embargo, las tradicionales fuentes de confianza (familiaridad, tiempo compartido, reciprocidad, etc.) son en cierta forma contradictorias con la naturaleza de los equipos temporales. Parece que la confianza es un factor que depende de la historia compartida y éste es un elemento inexistente o poco presente en las redes productivas. No obstante, existe un fenómeno social llamado Swift Trust (confianza veloz o algo así) que explicaría que la confianza es posible en estos grupos o redes pero que tiene unos atributos de creación y de mantenimiento distintos a la “confianza tradicional”. Sin duda el trabajo de referencia para entender este otro tipo de confianza es el que escribieron en 1996  Meyerson, Weick y Kramer con el título Swift Trust and Temporary Groups. Imposible resumir todo lo que se dice sobre la confianza en grupos temporales y sobre cómo crearla y mantenerla, pero por destacar tres aspectos diremos que un correcto y claro reparto de roles, una identificación inequivoca de las expectativas y el papel del promotor (en el trabajo de estos autores esta persona toma el nombre de “contractor”) de la red como una persona que garantiza la correcta elección de los participantes así como alguien que explicita los criterios de elección de dichos miembros de forma concluyente. En palabras en palabras de los propios autores:

Each member assumes that the contractor has either had the requisite experience with others, or, at the very least, that he or she has asked around and checked them out. Thus, trust in the contractor’s presumed care in composing the temporary group serves as a proxy for individual knowledge or experience with other’s reliability or competence. In this sense, the relevant history of the temporary group resides outside the group: It is tacity understood by all group members that the necessary experience and learning were gained elsewhere but are nonetheless in place and do not need to be verified or negotiated[…]groups that have clear expectations and stable role systems would be less vulnerable.

Yo me atrevo a dar otro elemento importante que de alguna manera está ligado con la confianza, el propósito compartido.Tradicionalmente, las organizaciones atractivas para trabajar, y que muestran una actitud eficaz e innovadora, están centradas en un propósito a largo plazo, una especie de reto de cambiar el mundo en un sentido más o menos ambicioso pero en todo caso percibido desde su interior y exterior. Sin embargo, como freelance es difícil encontrar ese significado concreto, al ir “picoteando” de aquí y allá en proyectos variados. En mi experiencia, el propósito surge cuando compartes con clientes y compañeros una serie de convicciones parecidas a las tuyas independientemente de en qué y cómo se van a concretar en el proyecto. Por lo tanto, la red productiva será eficaz en la medida en que los profesionales, los clientes y también los proyectos compartan unos valores y significados. En este sentido, este aspecto de compromiso compartido acerca el concepto de red productiva mucho al de comunidad. Esto nos lleva a una inquietante conclusión; el número de personas con las que se puede trabajar es finito, es decir, si uno quiere trabajar en proyectos de empresa abierta…digamos que la posibilidad de crear redes productivas es bastante limitada.

Por si todo esto no fuera suficiente, creo además que las redes ¿comunidades? productivas necesitan de mercados identitarios, es decir, de espacios donde sea posible intercambiar no solo conocimiento sino también información práctica para articular un mercado en base a un propósito o forma de encontrar significado en el trabajo compartido. La idea central es constituir un lugar que de continuidad a la relación entre los integrantes de la red más allá de los proyectos puntuales donde coinciden, lo que facilitaría, una vez más, la aparición de la confianza. John Robb ha bautizado a este tipo de mecanismos darknets y Las Indias Electrónicas lo han trabajado extensamente bajo el nombre de social commerce. Para estos últimos es de vital importancia construir programas informáticos que den respuesta a esta necesidad de las redes productivas. Más concretamente las funcionalidades que debería tener este software serían las siguientes:

  1. Precisa ser descentralizado y federativo para que los mercados puedan crecer por bloques instalando sus propios servidores en los nodos de la red
  2. Debe estar centrado en articular ofertas y demandas, incluyendo para empezar una herramienta de petición de presupuestos e incorporando con el tiempo posibilidades como formar grupos de compra o intercambiar productos en distribución
  3. Debe incluir agregadores de feeds para que puedas ver qué escriben los miembros/empresas en sus blogs y alimentar el mismo proceso de construcción comunitaria conversacional
  4. Igualmente un sistema de noticias comunes a la red en su conjunto que aporte una agenda pública común, aunque sólo sea de concursos, ofertas externas, etc.
  5. Interesaría incorporar alertas de convocatorias y geoposicionamiento que sirvan a la coordinación rápida en red o sobre el territorio.
  6. Podría incluir un “contador de transacciones exitosas” o similar permita distinguir quién está usando la herramienta para dar buen servicio, pagar dentro de los plazos acordados, etc.
  7. Y eventualmente un sistema de pequeños créditos P2P (pongamos que con aportes de entre 100 y 3000 euros) que automatizara los contratos y el proceso de firma y facilitara la búsqueda de financiación distribuyendo riesgos dentro de la red.

Y lo mejor es que se han puesto manos a la obra y ya han lanzado BAZAR, la aplicación que da respuesta a todo esto que hemos contado sobre el social commerce.

Por lo tanto en este primer acercamiento exploratorio (cada variable requeriría mucha más profundidad) se han identificado cinco elementos que deberán estar presentes en la dinámica eficaz de una red productiva: tecnología y habilidades colaborativas, los elementos clave para el desarrollo de la confianza “rápida”, propósito compartido y un mercado identitario. Seguimos buscando…

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Anexo (17/10/11)

Otro de los elementos clave para el buen funcionamiento de una red productiva es la propiedad del conocimiento producido. Es decir, fruto del trabajo colaborativo pueden surgir, por ejemplo, metodologías de implantación, análisis de determinados contextos o programas de software. Es preciso que todo ello tenga una naturaleza procomunal que garantice  su óptima producción, pudiendo recurrir para ello la red a licencias creative commons por ejemplo.